UN SOUVENIR DE REGALO

Quién no se ha llevado alguna vez un recuerdo de ese lugar que visito?

Si bien es una costumbre desde que la humanidad se traslada de un lado al otro coleccionando recuerdos, vale la pena preguntarnos: Qué nos llevamos como souvenir y donde terminan a lo largo del tiempo?

Comencemos por definir esta palabrita que se ha tornado en el mercado turístico una verdadera industria generadora de lucros increíbles.

Un souvenir, suvenir o recuerdo (del francés souvenir: ‘objeto que sirve como recuerdo de la visita a un lugar’),] es un objeto que atesora a las memorias que están relacionadas a él.

Por ejemplo, si un viajero compra un souvenir en unas vacaciones memorables, él o ella asociarán muy probablemente el souvenir a las vacaciones. Recordará ese momento especial cada vez que él o ella miren el recuerdo.

Indudablemente posee una carga emocional a la hora de comprarlo aunque con el tiempo, en muchos casos se convierta en un estorbo decorativo destinado a terminar en tacho de basura y ni que hablar cuando alguien te lo trae de regalo para que lo cuelgues en alguna pared de tu casa cuando en realidad queres hacerlo desaparecer por que te parece horroroso.

El término se utiliza para los artículos traídos al hogar de lugares turísticos. Tales artículos están marcados a veces o grabados para indicar que su valor es sentimental más que práctico.

Los viajeros compran a menudo souvenires como regalos para sus seres queridos que pueden ser de uso decorativo, alimenticio, para uso práctico o aquellos que los miramos y los miramos y no sabemos para que pito sirven.

Pueden incluir artículos caseros como por ejemplo; Edificios Souvenir, tazas, postales, ceniceros, libretas, camisetas, sombreros entre muchos otros.

Esto es común en muchas culturas.

En Camerún, por ejemplo, la idea es que alguien que puede permitirse viajar puede también permitirse traer algo (cadeau) para los que no puedan. También están aquellos que lo traen para que te quede claro que ellos pueden viajar y vos no.

En Camerún, el pan francés es un cadeau particularmente popular. Si bien cada cultura tiene lo suyo y como siempre digo, las culturas no se cuestionan, solo a ellos se le ocurriría regalarte un pan francés que sin dudas, después del largo periplo, cuando llegue a tus manos no servirá ni pan rayado.

En Japón, a estos recuerdos se les conoce como omiyage y se compran para ser compartidos con los compañeros de trabajo y con familiares. Las ventas del Omiyage se han vuelto un gran negocio en los sitios turísticos del Japón.

En muchas estaciones de tren y aeropuertos venden estos regalos a modo que los viajeros puedan comprar un omiyage de última hora antes de volver a casa.

Hasta aquí, todo bien, como decía mi abuela, “…en gusto no hay nada escrito…” y “a caballo regalado no se le miran los dientes…”

Pero me gustaría detenerme en ciertos viajeros que tienen la costumbre de apropiarse de lo que no deben argumentando que lo hacen para llevarse un recuerdo a sus hogares.

Para no extenderme demasiado propongo una lista que en pocas palabras ilustre la inagotable lista de seudos souvenirs que coleccionan para llevarse a sus hogares:

  • Están aquellos viajeros amantes de la flora autóctona  que no pueden resistirse a cortar cualquier plantita que se les cruce para probar si consiguen desarrollarse en el jardín de sus casas. No respetan la propiedad privada ni las normas de los Parques Nacionales, ni las plazas ni las reglas aduaneras. Se convierten en verdaderos viveros ambulantes pretendiendo que un helecho originario de los climas tropicales crezca feliz en las estepas patagónicas.
  • Otros viajeros, en cambio, amantes de las playas y el mar, pasan horas y horas juntando caracolitos, piedritas, fósiles y todo tipo de bichito que una vez hervidos en agua y lavandina para evitar el mal olor, terminan siendo expuestos en alguna repisa de sus hogares. No podía olvidarme de los que se llevan arena de todas las playas visitadas.
  • Están también los viajeros que recolectan objetos tales como servilletas usadas con el logo de un restaurante famoso, cajitas de fósforos, jaboncitos, botellitas de champú, gorritas de plástico para bañarse sin mojarse el cabello para recordar que pasaron sus vacaciones en ese hotel deslumbrante o no, lo mismo da. Todo les viene bien, la lapicera del recepcionista, el felpudo del baño y porque no alguna alfombrita exótica que entre cómodamente en la valija.
  • Los compradores compulsivos también integran esta lista. Son aquellos que se meten a los supermercados y compran lo mismo que encontrarían en su ciudad pero escrito en otro idioma. Así llevan azúcar, detergente, aceite, maquinitas de afeitar, pan rayado, jabón en polvo etc. Claro que para ellos todo tiene un porque, el azúcar endulza mas, el detergente desgrasa que es una maravilla, el pan rayado deja las milanesas mas sequitas y así por delante.
  • Otros en cambio se inclinan por lo tecnológico. Son los que te traen como souvenir un rebanador de huevo cuadrado que cuando lo queres usar y no sabes como poner el huevo, recurrís a las indicaciones escritas en el envase que, obviamente están escritas en chino.

En fin, todo sirve a la hora de llevarse un recuerdo de ese lugar soñado, y si bien es verdad, que a caballo regalado no se le miran los dientes…en una décima de segundo lo hacemos desaparecer como por arte de magia.

Si va a viajar y tiene en mente adquirir algún souvenir comprado o no, recuerde:

  • Que el exceso de equipaje cuesta carísimo.
  • Que lo que esta en la naturaleza le pertenece a ella.
  • Que el mejor recuerdo es la vivencia.
  • Y que nuestro planeta ya tiene basura suficiente.

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