Martita se compro Brasil

Por Guillermo Gatti

Martita, un personaje singular claro exponente de los turistas de la década del 90 que viajaban a Brasil y compraban hasta el aire que respiraban y la playa era apenas un detalle porque el slogan que los motivaba a viajar era” merda veo,merda quiero”

En esa época el afán consumista superaba todas las expectativas inclusive las nuestras donde el “SER GUIA DE TURISMO”, se había convertido en un asesor de compras.Los micros volvían abarrotados de equipaje trayendo los objetos más diversos.

Brasil, para los argentinos, en esos tiempos, era una gran vidriera comercial donde el sol, la playa y la naturaleza eran apenas un detalle.

Los tiempos han cambiado, las economías también y nuestra moneda se fue devaluando lo que por un lado, ayudo a que los viajeros comenzaran a valorizar más los atributos naturales y dejar las compras de lado.

Martita, viajo acompañada de su hijo cuando nuestra moneda había perdido su poder adquisitivo en el país tropical, pero ese detalle no pareció molestarle a nuestra viajera que se auto definía como una compradora compulsiva.

Dos objetivos tenia la adorable Martita en ese viaje: festejar el cumpleaños de su hija Marisol y comprarse todo, desde un cortador de huevos chino hasta un chino viviendo en Brasil.

No le interesaba la transparencia de las aguas, ni la vegetación exuberante de la mata atlántica ni la historia del imperio que dio origen a la republica brasileña, ella quería comprar, comprar y comprar.

Así fue que a la protagonista de esta historia no le daban las patitas para entrar en cuanto negocio abierto encontraba y comprar todo lo que le ofrecían sin importarle si eso que compraba lo iba a usar algún día.

Martita soñaba con traerse un Brasil exuberante a su casa de Mar del Plata.

Compraba hasta en los sueños, hablaba sola por la calle ensayando una estrategia para ganar un descuento aunque el portugués no era su fuerte.

Cambiaba dólares y pesos cada diez segundos y sufría viendo como se les evaporaban y se le caía la baba acumulando cositas insólitas, como repasadores, macetas de plástico, cajas y cajas de chocolates garotos, alguna ropitas de liquidación que, seguramente jamás se las iría a poner.

Tuvo un ataque al tercer día de llegar cuando se percato que cada $100 le daban r$50, casi muere de un infarto pero se repuso rápidamente y siguió comprando como si nada.

Su capacidad de negación era tan alta que en un abrir y cerrar de ojos pasaba de la desesperación al placer casi sin darse cuenta.

A su hija le festejamos el cumpleaños toda la semana comiendo torta de chocolate mañana, tarde y noche. Gastamos 32 velitas rosas y nuestras cuerdas vocales cantándole el cumpleaños feliz.

Yo me la pasaba haciéndole cartelitos de felicitaciones, inflando globos para poner en el restaurante del hotel y esas cosas que su mamá me pedía para agradar a la nena.

Martita orgullosa y su hija re podrida de pasar tantos papelones juntos. En la adolescencia esas chocheras de mamá babosa no caen nada bien así que yo tenía a Martita de amiga y a la nena de enemiga.

Fueron pasando los días. Marta ya les debía a Dios y María Santísima porque nunca le alcanzaba el dinero para comprar.

Si algún paseo no tenia un Shopping se ponía de mal humor entones se dedicaba a robar plantitas de los jardines, piedritas y caracoles para decorar su jardín marplatense.

El colmo fue al regreso en el micro cuando le compro una toalla bordada a una pasajera que las hacia para vender en la escuela donde trabajaba.

Compro además, imanes para heladera, estampitas de los santos brasileños, semillas de mamon petrificadas, arena Light de la playa de bombinhas (la pago carísima), una colección de sandalias havaianas calculada en, por lo menos, u$ 300, aceite de soja, que según ella estaba mas barato que en la argentina, plantas artificiales de todo tipo porque la calefacción de su casa le había matado las originales y tantas cosas que jamás sabremos.

En fin, Martita me hizo recordar aquellas épocas en que el viajero argentino se sentía poderoso cuando decía: “dame dos”.

Este relato te lo dedico con mucho cariño.

Gracias por tu comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s