TURISTAS RUMBO A MAR DEL PLATA A PASO DE TORTUGA

Por Guillermo Gatti 

Me levante temprano, cargue la mochila de agua mineral, me subí a la bici y me fui a la auto-vía 2 para ver que pasaba por ahí.

Día de recambio de quincena de Enero, una temporada extraordinaria en Mar del Plata y una ruta caótica.

Como mi blog no tiene sponsors, yo soy el corresponsal de mi mismo así que a ponerle el pecho.

El objetivo: Cómo la estaban pasando los automovilistas que venían a paso de tortuga?

Pedalee unos ochenta kilómetros para llegar al ojo de la tormenta, me seque por enésima vez la transpiración y me lance a la tarea.

Deje la bici  encadenada a una tranquera y me mande de a pie intentando  captar lo que pasaba en cada unos de esos automóviles que no dejan de ser un mundo en sí mismo.

Lo primero que me llamo la atención fue un auto, que en su porta equipaje del techo, llevaba una cocina atada con sogas y rodeadas de infinidades de valijas, cajas de cartón con la faja de frágil y una banderita argentina de plástico enterrada en una maceta con un potus que, por el calor, no la estaba pasando nada bien.

Me acerque al automóvil y me encontré con una familia compuesta por el matrimonio y tres hijos de tres a siete años.

La mujer como loca batiendo una mayonesa casera para aderezar unos sandwichitos de matambre mientras los chicos al unísono gritaban “mamá cuando llegamos”…

El marido pegado al celular intentando explicarle a la suegra, que se había quedado en Buenos Aires cuidando de la casa, que no le abra la puerta a nadie por seguridad, no por ella , sino por las cosas de la casa que le habían costado uno y la mitad del otro para poder adquirirlas.

_ Teresa, cierre puertas y ventanas. Cuidado con los chorros. Si entra alguno y le quieren pegar, aguante Teresa, pasa rápido pero no les de nada de lo que hay en la casa. Escucho bien?

_ Repita lo que le dije Teresa, repita Teresa carajo!!!, sorda!

 La situación no daba para preguntar nada así que seguí caminando cuando me encuentro con una familia dentro de su auto. Todos con barbijos escuchando música mientras el hombre pasaba alcohol en gel por el tablero de su flamante cero kilómetro.

Les pregunte porque los barbijo?

_ En este país querido no se puede confiar de nada.

_ Con tanta gente en la ruta alguien puede traer el virus de la gripe A y nos caga las vacaciones.

_ Es mejor prevenir que curar.

Siguieron tarareando la música de la radio mientras yo me retiraba silbando bajito a pleno sol que prometía no bajar la guardia.

Me di con un auto lleno de gente joven pum para arriba. Me acerque a ellos  y un fuerte olor a cerveza a medio digerir me pego cruelmente.

Mucha música, alegría y euforia.

Los muchachos se pasaban una pipeta que soplaban con todas sus fuerzas.

Les pregunte que estaban haciendo y me dijeron que estaban practicando por un posible control de alcoholemia.

_ Si le das masa a la pipeta, los chabones ven que están con los pulmones a full y te dejan pasar, entendes?

_ Entiendo pero me parece que el que no entiende sos vos. Lo que se miden es la graduación de alcohol no el potencial de tus pulmones.

_ Upfs, estamos en el horno loco.

Se miraron, se cagaron de risa y abrieron una heladera playera llena de cerveza y le siguieron dando mientras la pipeta volaba por los aires cayendo en la banquina.

En otro automóvil una señora intentaba convencer a su marido que lo mejor era plantar bandera  y pasar las vacaciones en la banquina de la ruta.

_ Si tenemos todo Cacho, armamos todo aquí y listo. Mira que sol nos estamos perdiendo.

El marido la miraba con actitud de extrema resignación mientras buscaba frenéticamente las pastillas que su psiquiatra le había recetado para evitar actos compulsivos.

Seguí caminando hasta que llegue a un auto que se movía como si adentro todos estuvieran saltando como locos.

Como tenia vidrios polarizados, de afuera no se veía que estaba pasando, así que golpee la ventanilla y cuando la abrieron vi una escena increíblemente bizarra.

Una mujer de cuerpo exuberantemente grande, intentaba ponerse una minúscula bikini.

La lucha era cuerpo a cuerpo: “O entras o entras”, era la consigna.

El marido que estaba a borde de un ataque de nervios le decía:

_ Gladys, no te entra, no sigas insistiendo. Desde Chascomus que estas con esto.

_ Vos cállate, siempre tirando mi auto estima a la mierda.

_ No es eso Gladys, esa bikini la compraste en el verano del 78, pesabas cincuenta kilos menos.

_ Ves?, mira como sos y después te quejas de lo que gasto en psicólogo durante el año.

_ Son unos kilitos nada más ,si no como nada . Esta guacha va a entrar aunque sea lo ultimo que haga.

_ Cállate y maneja.

Un padre esforzado como pocos, parar evitar que sus niñitos pudieran tener un brote psicótico por la interminable espera, armo la pileta de lona en la banquina, la lleno de agua mineral y los zambulló mientras su mujer se sacaba el esmalte saltado de las uñas.

Una anciana caminaba por la banquina hablando sola. La impresión es que estaba perdida así que me acerque y le pregunte si precisaba algo.

Cuando me vio, se le desorbitaron los ojos.

_Dónde te metiste Ignacio?

_Te estoy buscando como loca. Fuiste al baño y no apareciste más.

_Apurate vamos al auto que faltan pocos kilómetros para llegar a Carlos Paz.

_ La próxima vez avisa cuando te vas a caminar por ahí.

_ No comiste las medialunas y el café con leche me lo termine tomando yo.

Aproveche que pasaba una ambulancia que recorría la convulsionada ruta, la pare, me saque a la anciana de encima que me seguía llamando de Ignacio y se la llevaron.

Lo que complico mas la situación fue un avión fumigador que paso a vuelo rasante y nos rocío a todos con un liquido pegadizo que se supone es algún pesticida.

La gente se volvió loca y mirando hacia el cielo grito todo lo que uno pueda y no pueda imaginarse.

La única familia que estaba chocha era esa de los barbijos, que creyó ingenuamente que se trataba de una campaña lanzada por el gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Patético.

El calor deshidrataba a cualquier mortal y, obviamente los vendedores ambulantes se multiplicaban exponencialmente.

Había dos hermanos que haciendo uso de la picardía criolla, habían armado un esquema interesante.

Uno vendía la bebida caliente mientras el otro que venia detrás vendía hielo. 

La fila de autos se movía a paso de hombre lo que me venía bárbaro para ver el caos en todos sus detalles.

La bici había quedado unos cuantos kilómetros atrás.

 Seguí caminando cuando me encontré con un señor que había salido de su auto y a los gritos pedía que todos se unieran para hacer un piquete:

_Compañeros!!! Esto es una vergüenza.

_ Esto es cosa del gobierno para matarnos a todos.

_ Vamos hacer un piquete en repudio de un posible genocidio solar.

_ De que piquete hablas gil? Si esto no va ni para atrás ni para adelante. Callate la boca y subite al auto.

_ Quememos la llantas de los autos y vas a ver como esto empieza a funcionar.

_ Porque no te quemas un huevo vos? Boludo, si quemamos las llantas no salimos mas de acá, estupido.

_ A mi no me insultes que te mando a los muchachos de la unidad básica y te hacemos de goma.

_ No seas ridículo, en que tiempo vivís desencajado? Baja un cambio, metete en el auto y dejate de boludeses.

Mientras los muchachos seguían discutiendo, aparecieron de la nada una promotoras repartiendo panfletitos.

Eran del movimiento Eco-Vida promocionando técnicas sobre el combate al estrés y la armonización del espíritu.

A quién se le ocurriría hacer ese tipo de promoción en una situación así? Me pregunte.

Con esa sonrisa falsa que las caracteriza fueron repartiendo sus papelitos entre puteadas y toqueteos, se subieron a una combi y nadie mas las vio.

Ya estaba atardeciendo, la bici había quedado por ahí y yo estaba cansado.

Era hora de regresar.

El blog no espera, hay que publicar, así que pegue la vuelta sorteando autos que seguían a paso de tortuga, anhelando llegar a “La Feliz”

Guillermo Gatti. Corresponsal de sí mismo. Cubriendo a temporada 2010 en Mar del Plata, con mucho humor, claro.

Este relato nada tiene ver con la realidad…..o si?

 

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