BUENOS AIRES TIENE ESE QUE SE YO…

Por Guillermo Gatti

Si pensaste visitar Buenos Aires, te estarás enfrentando a dos desafíos.
Uno, conocerla apenas con los ojos, y el otro vivirla con el alma zambulléndote en su magia.

Yo te quiero hablar de esa magia para que cuando la visites, extiendas la mirada, abras tu corazón y como dicen los tangueros…”se te piante un lagrimón…”

Buenos Aires, sorprende por su elegancia como por su cultura.

La París del Hemisferio Sur, como suelen llamarla.

Guarda el misterio de una mujer ansiosa por experimentar emociones nuevas y que, sin embargo, posee ojos vidriosos y la mirada perdida en la melancolía.

Los poetas de San Telmo dicen que es ciclotímica, y que se pasea entre los rincones sombríos, las plazas y calles luminosas.

Una Buenos Aires melancólica, que en un abrir y cerrar de ojos se torna seductora y misteriosa, lúgubre y aristocrática

Se vuelve luz, prepotente, histriónica e ingenua y en esa ingenuidad, abre sus brazos y se entrega.

Una mezcla de humedad, hierro viejo, sándwiches, café, cigarrillos y medialunas. Un gris intenso y un crisol de olores que emana de sus cien barrios porteños.

Buenos Aires es para todos y nos es de nadie. Dicen que Borges invento una ciudad que no existe pero que todavía se puede sospechar.

Se la puede conocer recorriendo sus grandes avenidas y sus calles empedradas pero también se pueden recorrer sus metáforas y sus sueños, algunos irreales.

“Y la ciudad ahora es como un plano de mis humillaciones y fracasos. Desde esta puerta he visto los ocasos, y ante este mármol he aguardado en vano.”, así Jorge Luis Borges intenta jugar con la dialéctica proponiendo las dos caras de una misma moneda, donde somos individuos y ciudad a la vez.

Es una ciudad valiente, es guerrera y si la observas atentamente podrás ver claramente sus cicatrices, que las tiene y que son muchas.

Creo que su sufrimiento mayor siempre fue tener que resignarse.

Juan Gelman, en su poema “Mi Buenos Aires querido” puso en palabras lo que la ciudad diría cada vez que entristece.

 “… Hay que aprender a resistir. Ni a irse ni a quedarse, a resistir, aunque es seguro que habrá más penas y olvidos…”

No podes dejar de conocerla y por mas que aparezcan en vos sentimientos ambiguos porque no todo lo que brilla es oro, sentate en un viejo bar de Avenida de Mayo, pedite un café, cerra tus ojos por un instante y permití que las sensaciones hagan el resto.

Esa es la magia y Buenos Aires lo sabe.

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