Malena, canto un tango como ninguna.

 

Por Guillermo Gatti

Seguramente Malena ha sido la pasajera que me dejo un aprendizaje inolvidable.
Con ella aprendí que no hay que dormirse en los laureles y que una de las características esenciales de la vida es su inestabilidad y que el conocimiento es un pasaje en abierto a un nuevo desafío.

Les quiero  contar esta historia en honor a Malena que fue una sabia a la hora de transformar un acontecimiento duro y vergonzoso en un acto de amor.

Nunca mas supe de ella pero se que esta bien, porque la gente buena, entre piedras continua manteniéndose en pie.

Fue una madrugada de verano en la Terminal de La Plata. Tenia que llevar un grupo cerrado a Camboriu – Brasil.
Como siempre ocurre, si bien sabemos que los grupos mantienen mas o menos el mismo perfil, cada grupo es un grupo y vaya a saber uno con qué se puede encontrar.

El embarque siempre es un procedimiento complicado y cansador.
El pasajero siempre tiene ese pánico a que el micro lo deje y quede varado en la terminal, quiere subir primero aunque le tenga que morder el cuello a quien se le cruce por su camino, quiere, quiere y quiere pero lo que no quiere es que uno cumpla con el procedimiento.

Se ponen como locos, gritan, gritan mucho, se tropiezan con el equipaje, saludan a los familiares, suben y bajan y siguen gritando.

En medio de ese griterío peleándose por las ubicaciones, si arriba o abajo, si ventanilla o banquina, haciendo mil preguntas, todas sin sentido, aparece ella, silenciosa, exuberante, un personaje de Almodóvar, un cabello hasta la cintura, anteojos oscuros que no conseguían cubrir ese maquillaje que nada quería saber de discreción.

Paso entre la multitud como un fantasma, silenciosa, como si solo estuviera ella en la terminal. Me miro, sonrío, me entrego el voucher y subió.

Casi dos metros de altura, maquillada como el pasaje “caminito”, llena de brillo y ese perfume penetrante que queda impregnado por los siglos de los siglos.
Mientras el resto de los pasajeros se debatían a muerte para sacar la mejor tajada en todo, ella se sentó, recostó la butaca y se perdió en algún pensamiento.

Una vez que conseguí dominar a las fieras, que a esa altura estaban desencajadas y eufóricas, cerré la puerta y salimos a la ruta.
Me encomendé a Dios como suelo hacer siempre, pidiéndole un viaje tranquilo, placentero y sobre todo seguro para mi , los choferes y los pasajeros, que aunque a veces da ganas de matarlos, siempre son la prioridad.

Como es de costumbre, los pasajeros ni bien se ubican en su asiento y el ómnibus se pone en movimiento empiezan a pedir agua, jugo, café, caramelos, galletitas. Lo que haya y por supuesto la clásica pregunta: “A que hora estaremos llegando a Camboriú?”

En ese momento queres matarte por eso optas por llenarles la boca de comida para que la tengan ocupada y hablen lo menos posible.

Preguntar boludeses es una condición tácita porque la intención es certificarse si nosotros, los guías de turismo, sabemos o les estamos mintiendo con la información. “santa ingenuidad” ja ja ja

Mientras yo cumplía con el protocolo haciendo la presentación, el resto de los pasajeros, que continuaban gritando, sacaban sus provisiones personales al mejor estilo de un banquete romano.

Tartas, sándwiches de milanesas fritas en grasa de chancho para que queden mas sequitas, papas fritas, masitas secas, saladas, sandiwichitos de miga, empanadas, pizza fría que sobro del día anterior, pastelitos de dulce de membrillo y todo lo que se nos pueda ocurrir en materia de gastronomía.

Entre toma vos, dámela a mí, agarra esta milanesa, metele mayonesa que esta dura como un cartón, dame la pasta frola etc. yo seguía con mi presentación, hablándole a las butacas.

Me sorprendió que “la diva” no se manifestara con tanto descontrol.
Con su mp3, reclinada en su asiento, abstraída del mundo real, y ese perfume penetrante que hacia doler las fosas nasales, continuaba invisible.

Malena, en la realidad era Fernando, así figuraba en la lista de pasajeros, pero, sin dudas, Fernando era un detalle en la vida de Malena para cumplir apenas algunos trámites burocráticos de rigor.
Ese puton patrio de casi dos metros era la mujer mas exuberante y felinezca que jamás haya visto y la tenia sentada en una butaca del ómnibus de larga distancia rumbo a Brasil, “terra boa e gostosa”.

Me preguntaba qué pasaría cuando los trogloditas dieran fin a su ansiedad oral y comenzaran el reconocimiento del lugar? como hacen los perritos cuando orinan su territorio.

Cuando bajaron las tensiones y no quedaba absolutamente nada porque se lo habían comido todo, comenzaron a verse entre ellos, porque hasta ese momento nadie parecía percibirse ni los propios familiares que viajaban juntos.

Es verdad que la gula es egoísta y los de afuera son de palo.

Es un fenómeno que suele suceder, debe ser por la ansiedad y las expectativas que terminamos convirtiéndonos en verdaderas islas donde el afuera no esta dentro y el adentro esta tan ocupado que ignora el afuera.

Pues bien, justamente en ese momento y como estaba previsto, Malena pasó a ser el centro de todas las atenciones.

Era muy difícil no percatarse de su presencia, en primer lugar por tanta exuberancia junta y segundo porque ella no tenía la menor intención de mantenerse en el anonimato.

Malena estaba sentada en la primera butaca del piso inferior muy cerquita del baño, sus largas piernas precisaban de espacio y ese era el lugar indicado.

Cuando repentinamente se torno visible y el estigma salio a la luz, los pasajeros comenzaron un desfile incesante al baño como un pretexto ingenuo que les permitiera conocer de cerca a “esa cosa rara”.

Querían ver en detalles a la dudosa dama de casi dos metros de altura pintada como una puerta y una piel exageradamente blanca como si nunca hubiera conocido el sol.

Los seres humanos solemos ser crueles cuando nos sentimos amenazados por nuestros propios miedos.

Lo diferente atemoriza y el inconciente se convierte en una centrifugadora.

Generalmente, cuando no conseguimos ponerle nombre a nuestros miedos, el rechazo se hace presente.

En este caso la mayoría del grupo, que a esa altura del campeonato pasaron de la indiferencia a la más fuerte de las alianzas, se unieron en situación de piquete en repudio a la presencia de Malena que sin darle importancia a nada continuaba en su mundo.

Una delegación vino a hablar conmigo a la cabina para plantearme que si ese “puto” no se bajaba en la primera estación Terminal, el grupo no continuaría el viaje.

La delegación estaba compuesta por un señor bajito con un aliento insoportable que mientras hablaba sin parar, se rascaba un testículo enérgicamente.
El otro era el secretario de la comisión de turismo del centro de jubilados de no se donde que me apuntaba con su dedo índice mostrando restos de mayonesa en su uña.

Una señora los acompañaba moviendo la cabeza y asintiendo lo que el pigmeo decía mientras miraba fija esa mano que no dejaba en paz a ese huevo.

Observando la escena, no sabía que era más bizarro, si Malena o el enano del testículo con problemas y sus secuaces.

Los choferes y yo nos mirábamos y no podíamos creer lo que estábamos presenciando. Si bien uno, a esta altura del campeonato no se sorprende por nada, la situación era escalofriante.

Era mucho pedir una sociedad un poco más esclarecida y tolerante? Era demasiado pedir menos ignorancia y más humanidad genuina?

El pedido de la comitiva era que bajara a esa “cosa” si o si.

Acostumbrado a lidiar con la ignorancia y la pedantería, sabía que esto había que manejarlo con pinzas para evitar una histeria colectiva y que Malena los cagara a palo a todos, porque físico no le faltaba y por mas que al mono lo vistan de ceda….el macho interno estaba a flor de piel sin duda alguna.

Les dije que hablaría con ella y  después decidiría que decisión tomaría. Los invite a volver a sus lugares conformándolos temporalmente.

Caía la tarde y, en la ruta, eso significa ronda de mate con los choferes para distender un poco las tensiones.

Con los choferes se puede hablar de pocos temas, generalmente, de futbol, putas y amores diseminados en cada pueblo, pero en esta oportunidad un nuevo tema se agregaría al reiterado y cansador repertorio.

Entre mate y mate, que hacemos y que no hacemos, riéndonos del testículo del pigmeo y esas cosas, se sintió el aroma de ese perfume penetrante avisando que Malena estaba cerca.

En realidad su perfume ya se había apoderado de todo el micro desde que ella se sentara en la terminal de La Plata..

– Hola chicos, quieren que les cebe unos mates?

Malena finalmente estaba entre nosotros.

Nos miramos como tres boludos y Cacho, uno de los choferes grito:
– Si, veni, hacete amigo o amiga titubeo…

Lo mire a Cacho, lo mire al Lolo, el otro chofer y supe que realmente hay momentos en que uno es y se comporta como un soberano boludo cuando la situación te supera.

Malena, muy canchera y acostumbrada a situaciones difíciles se sentó en el lugar que consiguió, cargo el mate de yerba y de ahí para adelante cambio la trájica realidad.

Fue ahí donde tuvimos la certeza que, a pesar de todas sus exuberancias, jamás podría ser Fernando.

Conocimos su historia, su humor, su ironía con la que conseguía hacerle frente a su dura realidad cotidiana.

Kilómetro a kilómetro Malena fue haciéndose querer mostrando su lado sarcásticamente humano sin perder jamás el modelito.

El resto del grupo estaba al acecho preparados para dar el tiro de gracia y condenarla a la hoguera al mejor estilo Juana de Arco.
Cuchicheando como lechuzas y envenenados para saber que hacia el puto en la cabina.

Si accionan el morbo, no hará falta que yo les diga lo que seguramente pensarían de nosotros y de Malena.

Yo sabía que tenia que enfrentar el problema, hablarlo con ella para encontrar una salida que no creara conflictos porque se trataba de las vacaciones de todos incluyendola a ella y no podía opacarse por una actitud ignorante pero no menos conflictiva.

Entre mate y mate le conté lo que estaba ocurriendo, obvie lo de “puto” como la llamaban para no caer en la grosería.

Para nosotros ella era indiscutiblemente Malena.

Me escucho atentamente sin interrumpirme, mientras miraba fijamente el camino que el micro se iba tragando kilómetro a kilómetro.
Cambio la yerba, siguió cebando, se acomodo ese cabello que no terminaba nunca y después que yo terminara de hablar me dijo:

– Mira, yo podría bajarme en la primera estación de servicio, podría llegar a Camboriu por mis propios medios y pasarla de diez, porque a esta altura de mi vida tengo claro que la felicidad depende de mi, no de los otros. Pero si vos me permitís preferiría hacerlo de otra manera.

De inmediato supe que estábamos a punto de experimentar una experiencia alucinante y yo, personalmente, tenía muchas ganas de vivirla.

– Dale, nosotros te apoyamos le dijo Cacho.

Cuando Cacho percibió lo que había dicho largo una carcajada que se escucho hasta la frontera.

– Vos la apoyaras, le dije riéndome a carcajadas, mira si se le ocurre a ella apoyarte a vos?

Por suerte el humor se mezclaba con una realidad difícil y eso era bueno porque el humor no solo distiende sino que también achica distancias.

Malena se empezó a reír también y los tres, en ese momento sabíamos que  estábamos firmando un pacto, sellado por las carcajadas, en medio de una ironía que costaba entenderla en nuestros días pero que era real.

Llegamos al parador para cenar. Los pasajeros bajaron corriendo en busca del baño, como es de costumbre.
Cuando la gente viaja parece que colapsan todas las vejigas y en lo único que se piensa es en el baño.

Malena descendió tranquila, con su estilo Almodóvar de la primera época y se perdió entre la gente ignorando tantos ojos clavados en su espalda.

La comisión de homofóbicos se aproximo a la mesa donde estábamos cenando con mis compañeros en actitud de guerra y, obviamente con todas las intenciones de jodernos la cena.

Nos rodearon y se miraban entre ellos para ver quien hacia uso de la palabra.

Muchas personas cuando salen de viaje pierden el don de la ubicación y por el solo hecho de pagar se creen que tienen todos los derechos, entre ellos romper los quinotos a la hora de cenar.

El que ser rascaba los testículos seguía rascándoselos lo que me hacia dudar si era un tic o tenia ladillas.

El mas gordo con cara de sindicalista tercer mundista tomo la palabra y muy groseramente dijo:
– Y?
– Y que? Le respondí
– El puto
– Ah, te referís a Malena?
– Si el puto, lo bajas o nos bajamos?

Yo sabia que no podía titubear y no podía contar con mis compañeros porque a esa altura de los acontecimientos se habían levantado a buscar mas comida y nunca mas los vi.

Al no saber que estaba tramando Malena, me tenía que tirar a la pileta sin saber si habría agua.

– Mira, le dije serio, yo tome la decisión de discutir esta situación con todos los pasajeros en el micro y permitir que Malena tenga derecho a defenderse.
– Pero no es lo que te pedimos, me dijo el enano de los huevos complicados.
– Si ya se, pero es lo que decidí y así se va hacer.
– El que se quiera bajar que se baje.

El grupo piquetero no tubo mas remedio que irse y yo continué comiendo con el estomago hecho un nudo.

Los turistas cuando viajan en grupo, ante un conflicto suelen hacer alianzas siniestras y como dice el dicho: “perro que ladra no muerde”, por eso cuando no ladran es señal de malos presagios.

Es increíble, cuando precisas de alguien es justamente  ese momento que ese alguien se vuelve  invisible y Malena con casi dos metros un pelo rojo hasta la cintura y ese perfume de dos mangos penetrante hasta los huesos parecía el fantasma de la opera.

Llego la hora de embarcar y ella no aparecía.

Subieron todos al ómnibus y solo faltaba ella.

Cuando mi desesperación e impaciencia estaban a punto caramelo, veo entre la multitud una mujerona producida al mejor estilo entrega de premios aproximándose al ómnibus con una sonrisa de oreja a oreja dejando aparecer esos dientes enormes blancos y cuidados.

Paso a mi lado, me guiño el ojo suavemente y Fernando en la piel de Malena subió con toda la energía de un ganador.

“Acá estoy yo”. Y así fue.

Arrancamos, Malena me pidió el micrófono, se seco la transpiración que le provocaba el calor, la situación y el maquillaje, me dio un CD y canto.

Se paseo por el pasillo, los miro a los ojos mientras cantaba, les dio la mejor de las sonrisas actuadas y seguramente se encarno en la fantasía de más de uno que la escuchaba extasiado.

La música calma a las bestias, pensé mientras recordaba las palabras de un viejo sabio que decía… que “los milagros existen, apenas hay que permitir que se manifiesten…”

El grupo quedo con las bocas abiertas, mirando fijamente a esa mujer que no estaba haciendo otra cosa que seduciéndolos para que la dejaran en paz.

Al terminar de cantar, un silencio sepulcral. El tiempo parecía no pasar nunca hasta que uno de los pasajeros que estaba sentado en la última fila grito – Otra!!!!!!!!!, cantate otra!!!!!!!

Y Malena canto otra y otra y otra.

Sabia que si no podía con el enemigo debía aliarse.
Lo sabía muy bien porque no era la primera ni la última vez que tendría que ponerse en ese lugar.

Cayó la noche, empezaron a dormirse todos.

Malena vino a la cabina , me guiño el ojo como diciendo “tarea cumplida”.

Antes de irse a dormir me dijo:
Fue más fácil que esconderme los genitales cuando me pongo un pantalón ajustado.

La recuerdo con el cariño mas sincero. Fue una pasajera de lujo y una colaboradora sin igual.

Que Dios te bendiga Malena y seguramente nos veremos en alguna ruta y será un placer.

Un pensamiento en “Malena, canto un tango como ninguna.

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