Señores pasajeros, mi nombre es Guillermo

 

Por Guillermo Gatti

Hoy me levante con un grato recuerdo en la mente.

Digamos que hoy lo vivo como grato.

En aquel momento era una mezcla de sensaciones tan opuestas que hubiera preferido que me tragara la tierra.

Cuando telefónicamente me avisaron que haría mi primero viaje como coordinador de turismo me llene de alegría, de emoción, esa emoción que enfría la barriga como cuando uno se enamora, pero también me llene de miedos y de incertidumbre como cuando nos perdemos en la obscuridad o no le podemos poner nombre a las cosas.

Sabia que era mi oportunidad, pero también sabia que era una responsabilidad porque en definitiva, sesenta personas estarían ahí, llenos de expectativas, curiosidades, sueños y por supuesto, sus historias de vida.

Una diversidad que enfrentar, una diversidad por la que había que transitar sin saber si ese camino seria llano o sinuoso…

Cuando comencé mi profesión, todo era muy distinto a como es ahora, no diría mejor, apenas diferente, que no es poco.

Los micros que nos llevaban no tenían cabina como ahora. Recuerdo que yo me sentaba entre los choferes en una lata de aceite de veinte litros porque no tenía asiento para mí.

Me colgaba el micrófono en el cuello como un locutor radial y mientras les cebaba mate a los choferes le contaba a la gente por donde íbamos y que nos esperaría mas adelante.

Que loco no? Les podía contar lo que ni yo sabía más que en los libros y los apuntes. No había Internet, había ganas apenas y algunas publicaciones escondidas en alguna biblioteca.

Lo que si recuerdo, es que había mucha alegría, mucha disposición y las enormes ganas de sorprender, porque siempre supe que, entre tantas cosas que debía hacer profesionalmente, una era primordial: sorprender, crear espacios donde la sensación se apoderara de cada pasajero y que reír y llorar sean las dos caras de una misma moneda.

La sorpresa tiene esa capacidad, la de despertar emociones.

Loco también era que sin tanta tecnología, las cosas se hacian y salía bien.

Mi primer viaje fue a Balneario Camboriú, un viaje internacional.

Visas, listas de pasajeros, gendarmería, horas y horas de ruta.

En esa época, sentado en esa lata de veinte litros, no solo cebaba mate y guiaba a los pasajeros, también hacia la lista de pasajeros mecanografiada en una Olivetti Lettera que apoyaba en mis piernas.

Las visas se hacían manualmente, una por una, con letra prolija a pesar de las rutas llenas de pozos.

Como olvidarme del repetido 3018… un número que no decía nada y decía todo…algunos saben a que me refiero. Es la nomenclatura migratoria que tiene argentina. Cada país tiene su propio código clasificarorio.

Y bueno, entre dolores de panza por los nervios, dolores de espalda por esa vieja lata de aceite.

Entre incertidumbres y una media docena de tímidas certezas, fui construyendo mi oficio que amo y le debo tanto.

Yo tuve la suerte de empezar este camino profesional con gente que sabía mucho de todo esto que para mi era nuevo.

El legendario Oscar, que aunque dueño de la agencia, su alma estaba en el volante.

Manejando era feliz, no le gustaba estar detrás de un escritorio, se sentía libre en la ruta.

Cuando le tocaba descansar tomaba un viejo juego de naipes y hacia trucos para que los pasajeros la pasaran bien o les contaba anécdotas que muchas veces dejaba a los pasajeros espantados.

A oscar le gustaban las bromas, vivió su vida como una gran broma y se nos fue y se lo extraña.

Pasaron muchos años aunque tenga la sensación que todo comenzó ayer y sigo sorprendiéndome y sorprendiéndolos, sin latas de aceites, sin calentadores a gas para preparar el mate, sin maquinas de escribir en el regazo.

 No se cuanto mas… porque ya no soy ese pibe que recibió ese llamado y no se imaginaba que su viaje, el de aprender, el de descubrir, el de explorar curiosamente la vida ajena, fuera un viaje tan largo…

Como no estar feliz… y aunque hoy ya no haga los ciento veinte mil kilómetros al año como entonces, cada vez que subo a un micro experimento ese frío en la panza que solo se siente cuando se esta enamorado…

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