“El Peri” Una historia

Escrita por Guillermo Gatti

Dedicada a mis colegas que una vez soñaron, a mis pasajeros que me hicieron parte de sus sueños, a los que recién comienzan y a los que nos vamos retirando.

El “Peri” Una historia – Parte 1

El “Peri”, como le dicen sus amigos, había egresado de la Facultad de Morón con el diploma de Guía de turismo bajo el brazo y un monto de ilusiones.

Con mucha información y una cabeza todavía un poco confundida ya sabia que tenia que remarla mucho para llegar a lo que todo guía añora.

Peri no era la excepción así que se puso las pilas y empapelo la ciudad de Buenos Aires con curriculums que, si bien, apenas completaba algunos renglones porque faltaba la experiencia laboral, estaba lleno de buena onda y mucha garra.

La facu te da lo que tiene, información, pero también el universo académico hace que uno, sin querer, se abstraiga de esa realidad, muchas veces tirana, que es el mundo laboral en vivo y en crudo.

El sabía que había mucho que aprender todavía, sabia que el mercado estaba muy competitivo y sabia también que tendría que hacer algunas concesiones para ganarse un lugarcito.

Lo que el Peri ignoraba era la magnitud de esas concesiones y que no siempre, seria nada fácil tragar arena, sobre todo en un país donde la formación no es una condición sine qua non y que en el universo turístico, generalmente se basa en el famoso principio de que: “el fin justifica los medios” y ante esa realidad uno tiene que bajar la cabeza y seguir adelante porque sino te pasan por arriba y el titulo termina guardado en algún cajón de algún mueble de tu casa y no te queda otra que dedicarte a otra cosa.

Sus amigos le organizaron una noche de copas para festejar el titulo y fue ahí donde El Peri recordó una historia que le habían contado en la facu acerca de unos operadores turísticos que habían decidido hacer un casting en un pueblo llamado Gumersindo Polidoro donde seria escogido el nuevo exponente de guía –  coordinador.

Cuando se lo contaron, no podía creer que esa historia hubiera sido realidad y entre cervezas en un boliche de Palermo Hollywood, junto a sus amigos, se cago de risa hasta el amanecer sin imaginar lo que el destino le tendría reservado.

Era inimaginable que una historia tan bizarra como la del Pueblo de Gumersindo Polidororo pudiera ser real o por ahí una ficción que plasmara una realidad, eso habría que preguntárselo al autor de la historia.

Un pueblo que nadie conocía, cuatro operadores turísticos pirados, un suicidio y finalmente el resurgimiento de un pueblo olvidado convertido en uno de los puntos turísticos más visitados en la actualidad parecía algo impensable.

El Peri pretendía ser un guía normal, trabajando en un lugar normal entre gente normal. Subir a un micro, contar una historia que leyera en algunos libros técnicos, satisfacer las necesidades de los turistas dentro del contexto profesional, cobrar sus honorarios y punto final.

Por su tipo de personalidad, no era muy amigo de las sorpresas ni de los imprevistos. Las situaciones controladas eran su puerto seguro y las contingencias, cuanto más lejos mejor…

Un poquito inseguro, siempre precisando del reconocimiento de los otros.

Venia de una familia muy exigente donde el error no era, precisamente una posibilidad de crecimiento y si el punto de partida de un sinfín de reproches y limaduras de cabeza.

Sus mecanismos de defensa lo mostraban al mundo como una persona segura y exitosa pero al desnudo la carencia y esa necesidad de reconocimiento estaban al pie del cañón.

Cuando la inseguridad se le hacia insoportable se fumaba un porrito para bajar la angustia o salía a caminar por la costanera y se quedaba un rato largo viendo subir y bajar los aviones en Aeroparque.

Al ver los aviones recordaba que una vez había querido ser comisario de bordo pero esa idea se desvaneció rápido ya que había llegado a la conclusión que no era una profesión para el, porque si bien sabia que el avión es uno de los  medios de transporte mas seguro…como todo en la vida, puede fallar y la idea de terminar como los pasajeros de la serie Lost no le seducía demasiado.

Tranqui y seguro era su frase preferida.

El “Peri”…Una historia – Parte 2

Caminaba en medio de la gente por Plaza Serrano ese sábado a la tarde.

Como un fantasma daba vueltas mientras pensaba que tarde o temprano llegaría esa propuesta, ese viaje y la posibilidad de demostrarles quien era “el Peri”.

Como una mandala repetía incansablemente que lo iba a conseguir.

Una vos consiguió sacarlo de su concentración. Se dio vuelta y vio una mujer de uniforme azul, como una azafata, rodeada de un grupo de gente, que a la legua se notaban que eran turistas.

La mujer de azul y el Peri estaban cerca y a la vez estaban lejos. Eso fue lo que sintió mientras la mujer gesticulaba y explicaba a los turistas algo acerca de ese pedacito de Buenos Aires.

El Peri no llegaba a oírla, apenas la veía y para el era suficiente para dejar volar el pensamiento.

Finalmente la mujer de azul se fue alejando y él volvió a lo suyo, a su mandala y a sus sueños  dando vueltas y vueltas en la placita Serrano en esa  tarde de sábado porteño.

A uno le cuesta entender que las ilusiones son ideas que siempre corren el riesgo de quedar atrapadas en eso: en la ilusión.

Las ilusiones se gestan en una dimensión diferente a la realidad y solo se tornan reales cuando nosotros lo hacemos posible.

Mucha gente piensa que las cosas no se dan por falta de suerte y que soñar es una perdida de tiempo.

Lo que no llegan a entender es que los sueños anteceden a lo real y que para tornarlos reales, no depende de la suerte y si de la garra que le pongamos.

La suerte nada tiene que ver con el deseo.

El Peri era un soñador empedernido pero no comía vidrio, sabia que había que pelearla.

Anocheció, se puso frío camino hasta la avenida Santa Fe, se tomo el subte y se fue a su casa.

Llego el lunes, pero este no seria un lunes como cualquier otro, por lo menos no para el Peri.

Como siempre se levanto con la misma dificultad de cuando tenia siete años y había que levantarse temprano para ir a la escuela.

Su costumbre de remolonear en la cama era uno de los hábitos que mas le gustaba.

El hecho de mirar el reloj y negociar unos minutitos más le daba la sensación que el placer era mas placer.

Se levanto, abrió la ventana de su habitación y encendió la compu como todos los días, con la esperanza que algún operador turístico le regalara unos renglones y finalmente lo convocara.

Siempre hacia lo mismo, el remoloneo, la ventana, la compu y nada.

Pero ese lunes, en la casilla de correo alguien había invertido un poco de su tiempo y lo estaba convocando a que se presentara antes de las once de la mañana para una entrevista.

Cuando nos pasa esto, la mente se confunde y se mezcla lo místico con la realidad que conocemos. Aparece Dios en medio de esa sensación rara, nos olvidamos de los días de espera, de los curriculums, del boca a boca y le damos al milagro un lugar especial.

Los seres humanos, aunque muchas veces lo neguemos, tenemos la necesidad de creer que lo bueno que nos pasa no pertenece a la dimensión humana, que nos es dada desde otro plano sin saber como o porque y aunque no le demos mucha importancia a Dios, en esos momentos, lo primero que nos sale es agradecerle.

El “Peri”…Una historia – Parte 3

El Peri leyó el mail y no lo podía creer, primero pensó que era una joda, después pensó que era un engaño y que ese mail  no era para el, pensó también que no tenia que pensar tanto. El día prometía y no podía perder esta oportunidad, después de todo había que estar a las once y no faltaba mucho.

Cuando nos tenemos que presentar a una entrevista de trabajo, generalmente no sabemos como ir vestidos, como debemos peinarnos y todas esas cosas que no tienen otro objetivo mas que caerle bien a ese que tiene en sus manos nuestro destino laboral.

Igual que cuando nos vamos a ver por primera vez con esa persona que nos hizo cosquillas en el corazón, nos tornamos individuos vulnerables, solo pensamos en el otro, como gustarle, como satisfacerlo y sobretodo, como no perderlo.

Al Peri le estaba pasando eso.

No sabia si ir de jeans, afeitarse, peinarse con gel. Como taparse el tatuaje que tenía en el cuello que se hiciera entre promesas y chupitos prometiéndole amor eterno a esa piba que había conocido y que nunca mas vio.

Acostumbrado a usar zapatillas, no se veía dentro del único par de zapatos formales que se comprara para el cumpleaños de quince de su prima.

Recorría  la habitación desorientado mientras le agradecía a ese Dios ocasional que siempre evocamos en momentos complicados.

Las mil y una conjeturas le estaban acribillando el cerebro, sentía dolor de estomago y temblaba como una hoja por la impaciencia, la ansiedad y todos los miedos juntos.

Su auto estima subía y bajaba como el minuto a minuto de un programa televisivo.

Por momentos se sentía un triunfador y en otros la sensación de fracaso le repercutía en los intestinos y no podía salir del baño.

Sin ese Dios que le respondiera, un reloj que no paraba de sumar segundos y las paredes de una habitación que comenzaba a resultarle chica, entendió que tenia que jugársela, que las versiones libres de una obra prima suelen resultar un desastre.

No tenia que negociar ni con Dios ni con el Diablo, al fin de cuenta, ni uno ni otro se habían interesado por el.

Mientras se ataba las zapatillas se decía a si mismo: -Nos seas boludo Peri, vos sos vos, si les gusta bien y si no que se busquen a otro. No va a ser ni la primera ni la última propuesta de laburo. Bingo!!! Era eso lo que tenía que escuchar.

Todo se resolvió mas rápido que los problemas de pareja del hombre araña.

Se vistió de Peri, y así encaro la calle, así encaro el desafío y se subió a un subte abarrotado de gente apretujando gente, apelmazando sueños y pisoteando desafíos.

Cuando estamos dentro de un subte llenísimo de gente, nos da la sensación que nadie es uno mismo. Entre una estación y otra nos tornamos pedazos de todos. Una metamoforsis que, con el tiempo van dejándonos vestigios de lo ajeno como manchas indelebles que a pesar de todo, quedaran en cada uno de nosotros.

El “Peri”…Una historia – Parte 4

Cuando salio del subte en plena Avenida Corrientes y Florida, le cayeron todas las fichas juntas.

Se le endureció el estomago, su corazón había disparado como el día que debuto con esa puta solidaria del barrio del Abasto.

Miraba hacia arriba para ver si por ahí andaba Dios pero no vio más que altos y viejos edificios.

Transpiraba frío y los pensamientos habían perdido el control del tiempo y los recuerdos se mezclaban con ese futuro deseado pero incierto.

Sintió que no sabia nada, Buenos Aires se le hacia ajeno y tres personas juntas le hacían sentir una sensación de pánico.

Miro dos o tres veces la escalera del subte y por un momento creyó que la mejor alternativa era bajar, volver a su casa y meterse en la cama como si todo esto hubiera sido apena un sueño.

Fue en ese momento que un turista Colombiano le pregunto si sabia donde quedaba la Casa de Gobierno y finalmente el Peri resurgió de entre las cenizas de los miedos eternos y afloro el guía … el colombiano cruzo la Avenida Corrientes, se perdió entre la gente y el Peri encaro Florida como el torero al toro.

Un mendigo de los tantos que deambulan en busca de la misecordia de los turistas adinerados se le acerco y le puso un papel en el bolsillo de la campera. Se fue sin pedirle nada.

El Peri pensó que le había manoteado algo del bolsillo.

Saco el papel y vio que era una estampita de Santo Expedito que en el dorso de la imagen decía:

 “¡Señor Jesús acudo a tu auxilio!
¡Virgen Santísima socórreme!
San Expedito, tu que lleno de valor abriste tu corazón a la gracia de Dios
y no te dejaste llevar por la tentación de postergar tu entrega,
ayúdame a no dejar para mañana lo que debo hacer hoy por amor a Cristo.
Ayúdame desde el cielo a renunciar a todo vicio y tentación con el poder que Jesús me da.
Que sea yo diligente, valiente y disciplinado al servicio del Señor,
y no me acobarde ante las pruebas.
Tú que eres el santo de las causas urgentes,
te presento mi necesidad (intención).
Sobre todo te pido que intercedas por mí para que persevere en la fe,
y así llegue al gozo del cielo con Cristo,
con la Virgen María, los ángeles y los santos. Amén.”

Cuando termino de leer la oración entendió que a Dios no había que buscarlo mirando al cielo. Continuó caminando mas tranquilo, el estomago estaba mas relajado, los pensamientos finalmente se tranquilizaron, el tiempo volvió a su ritmo habitual y el subte había quedado atrás.

Por fin el Peri había entendido que había que ponerle el pecho, que había que ponerle el alma porque el alma al servicio de los sueños siempre lleva a buen puerto.

Se sintió fuerte, la mejor persona, el mejor guía de turismo el mejor de los mejores pero también se sintió uno entre muchos tan fuertes, buenos y mejores como él.

 Siempre me pregunto por donde andará el Peri? Y siempre me respondo lo mismo: en tu corazón chabon, si de ahí salio.

                                                                           F I N

Un pensamiento en ““El Peri” Una historia

  1. Parece que está naciendo un buen cuentista para cuando EL Peri se quede más tiempo en la cama, en los inviernos de su ciudad..
    Me encantó!!! y te felicito!!!

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