Vamo a Laranjeiras oh oh oh!!!

 

Por Guillermo Gatti

Ficción o Realidad?

Pedro Pocaruta es una guía de turismo formado en la prestigiosa facultad de turismo de Lomas Perdidas.

En un abrir y cerrar de ojos, al flamante guía lo subieron en un micro y lo mandaron a Balneario Camboriu con sesenta pasajeros.

Sin saber donde quedaba el tan conocido destino ni como fusionar la teoría con la práctica, se mando con la mejor buena voluntad y todas las pilas que, generalmente tenemos cuando arrancamos profesionalmente.

Si bien un poco de información previa siempre viene bien, Pedro Pocaruta se confío en su intuición sin percibir que hasta la intuición puede fallar.

Haciéndole honor a la suerte de principiante vendió la excursión a la Playa de Laranjeiras a cuarenta y ocho de sus pasajeros. Un verdadero éxito de taquilla.

Como perro con dos colas, desparramaba felicidad de una punta a otra de la avenida Brasil sintiéndose “the best” y creyendo, ingenuamente, que nada mas había que aprender en esta profesión donde la contingencia te muerde constantemente los talones

Pedro Pocaruta no sabia que en nuestro oficio es una de cal y una de arena.

Coincidentemente encontré al personaje de esta historia en el tan querido parador de Joia.

Me llamo la atención porque corría de una lado para otro con tres caipirinhas gigantes en sus manos y gritando enloquecidamente con el fin de juntar a su grupo para darles la bienvenida como, generalmente lo hacemos todos, o casi todos.

Al ver que sus pasajeros (o los que el creía que eran sus pasajeros) se habían desparramado por todas partes mezclándose con la multitud, se sentó en una mesa desesperanzado acompañado de sus tres caipirinhas, que en menos que canta un gallo se las tomo una atrás de la otra a la espera de que exploten los planetas!!!

Me acerque para presentarme y de paso matar el tiempo.

Pedro Pocaruta me contó un poco de su historia, de su felicidad por estar en Balneario Camboriu y del éxito por haber vendido a casi todo su grupo ese paseo.

Agrandado como pan en el agua y medio en pedo, se pidió una bandeja de ostras gratinadas, camarones ao bafo, lulas a la provenzal, salmón al limón, queso frito, papas fritas y un abacaxi con helado.

Con tres caipirinhas en su haber y una temperatura de cuarenta grados a la sombra, se imaginaran el estado del muchacho?

El día fue transcurriendo, llego la hora de retornar, me dirigí al embarcadero con mis pasajeros y regrese a balneario en tiempo y forma como marca el procedimiento.

Me llamo la atención no ver al flamante colega.

Recuerdo que la ultima vez que lo había visto estaba tirado en la arena con la típica baba saliéndole por su boca durmiendo la mona a pleno sol y balbuceando no se que cosa.

A la noche, visitando hoteles me lo vuelvo a encontrar pero esta vez ya no en una situación placentera.

Pedro Pocaruta estaba rodeado por cuarenta y ocho fieras al rojo vivo que gritaban como energúmenos reclamándole que les devolviera el dinero de la excursión, que era un estafador, que lo iban hacer rajar de la agencia en la que trabajaba y mil cosas mas.

Cuando me vio se escabullo como rata por tirante, me agarro del brazo y con los ojos desorbitados y el aliento sabiendo a caipirinha a medio digerir me pidió que lo sacara de ahí porque lo iban a matar.

Nos fuimos medio corriendo y medio volando, perdiéndonos por esas callejuelas que solo los guías conocemos y terminamos en un barsucho alejado del foco de los turistas.

Pedro Pocaruta estaba en serios problemas.

Después de una larga charla pude enterarme de los motivos por los cuales el flamante guía estaba a punto de ser quemado en plaza pública.

1- Había vendido el paseo a Laranjeiras en todas sus modalidades, barco-barco, barco-teleférico, teleférico-teleférico, como es de costumbre.

2- Como si fuera poco y por obra de la ambición sumo algunas otras modalidades para complacer a esos pasajeros con síndrome de gata flora vendiéndoles ida en colectivo de línea y regreso en teleférico, ida y vuelta en línea, laranjeiras con playa de Tacuaras, Teleférico con Interpraias y para los más individualistas ida y vuelta en moto-taxi.

3- Ciego por el entusiasmo no se había percatado de su locura y a la hora del embarque en el hotel subió al micro que los llevaría al puerto un grupo que no era el suyo.

4- Su grupo había quedado varado en la puerta del hotel a la espera de su guía que nunca apareció porque estaba en laranjeiras con un montón de gente desconocida y desparramada por ahí y tres caipiras gigantes en su estomago, además del opulento almuerzo.

5- Como suele ocurrirle a los principiantes y a los no tanto, todos los rostros le parecían familiares no pudiendo percibir que esos pasajeros no eran de el y por otro lado, como sabemos que los pasajeros cuando viajan están mas perdidos que turco en la neblina se subieron al micro sin darse cuenta que el guía de ellos no era Pedro Pocaruta.

Un verdadero caos.

Como siempre digo “en turismo siempre todo acaba cerrando”, le aconseje que enfrentara la situación, que devolviera el dinero a los pasajeros, les explicara la terrible confusión y que, lógicamente, se disculpara con el guía del grupo que se había llevado erróneamente, que según me dijeron los estaba buscando enfurecido para romperle al alma.

Nos despedimos, yo seguí con mi rutina y no lo vi más.

Días después me dijeron que lo habían visto en el teleférico subiendo y bajando, gritando como loco para que lo bajaran al borde de un ataque de nervios.

Fuentes oficiales comunicaron que ese día el teleférico había sufrido un desperfecto en su centro de control que imposibilitaba detenerlo.

El y su grupo, que, aparentemente lo había disculpado, permanecieron subiendo y bajando el morro, encerrados en las cabinas del teleférico durante siete horas.

Nadie más vio a Pedro Pocaruta que, según las malas lenguas, huyo despavorido de balneario en un micro de línea de la empresa Catarinense: Habrá llegado a Buenos Aires?

La moraleja de esta historia la dejo por cuenta de ustedes: je je je

Viviendo y aprendiendo…hasta la próxima historia y buen viaje!

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