El turistologo Lic.Marcus Chek Insky visito la Argentina.

Por: Guillermo Gatti

TURISMO Y HUMOR.

El legendario guía de turismo Marcus Chek Insky estuvo en nuestro país con el objetivo de recabar información sobre la actividad de los guías/coordinadores dela Argentinay volcarla en su próximo libro “Viajando con los guías del mundo” que se publicara en el segundo semestre del 2012.

Profesor dela Universidadde Chichornia  se dedica, actualmente a investigar acerca de la actividad de las experiencias laborales de los guías de turismo del mundo.

Poder entrevistarlo fue realmente un toque de suerte ya que su agenda estaba cerrada y conseguimos un lugarcito después que el conocido guía cancelara una entrevista con el reportero de la revista TuristFest Si Viajas Te Jodes, un pasquín de cuarta que pretende escribir sobre los aspectos éticos del turismo, pero que, hasta ahora no ha pasado de algunos artículos de dudoso origen.

Nos contaba Marcus Chek Insky que utilizo la metodología de observador participante para recavar la información para su libro y que había viajado por todo el mundo faltándolela Argentina, que según le habían informado, estaba pasando por un buen momento en lo que a turismo se refiere.

Markus Chek Insky contrato varios paquetes turísticos en la modalidad de turismo grupal recorriendo gran parte de nuestro territorio e interactuando con diferentes profesionales a cargo de los grupos.

Con un español claro ya que Chek Insky habla seis idiomas nos decía lo siguiente:

-        ¿Profesor Chek Insky cuál fue su impresión respecto al trabajo de los guías durante el viaje?

-         La verdad que respecto a la actividad específica no pude ver demasiado ya que los guías debían desarrollar diversas actividades durante el viaje como, servir cafecito, limpiar los tachitos de basura del micro, corregir las lista de pasajeros que estaban llenas de errores, atender a los choferes, servir la comida a bordo y en los ratos libres disfrazarse para distraer a los pasajeros. Evidentemente mucho tiempo para guiar no les quedaba, pero eran muy divertidos, simpáticos y voluntariosos. Sigue leyendo

LOS TURISTAS EN BALNEARIO CAMBORIÚ

Los turistas en Balneario Camboriú…

 Por Guillermo Gatti

Este capitulo se lo quiero dedicar a los hombres , mujeres, jóvenes, adolescentes y lactantes que año a año continúan empeñados en visitar Balneario Camboriú en calidad de turistas y que nosotros, los guías y coordinadores de turismo, los esperamos “ansiosos” para prestarles nuestros servicios.

Antes de largar la artillería verborragica, quiero aclarar que aunque el relato parezca una mera ficción, cada palabra escrita en esta nota refleja pura y exclusivamente la realidad y aquel turista que se sienta identificado, dolido u ofendido y se empeñe en negar la mas pura verdad de los acontecimientos, no estará haciendo otra cosa que negarse a sí mismo porque, como siempre digo: El problema de la verdad es que no tiene remedio… Sigue leyendo

Si queres comer….come.

Por Guillermo Gatti

Los guías y coordinadores de turismo no somos diferentes al resto de los mortales, y si bien intentamos disciplinarnos en algunos aspectos de nuestra vida, terminamos cayendo en eso de: “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago…”.

Si bien nuestra actividad tiene una cierta particularidad respecto de otras, como las diferencias horarias, horarios atípicos y otros desordenes, la verdad es que nada de esto justifica el no poder controlar nuestro habito alimentar.

Así como los marinos tienen un amor en cada puerto, nosotros tenemos nuestros lugares predilectos a la hora de alimentarnos y caemos rendidos a la gula en cualquier destino que nos toque.

Sin importar a donde nos manden, en nuestra agenda jamás falta la dirección de ese lugar para llenarse la pancita sin importarnos el colesterol, los triglicéridos, la hipertensión etc. Sigue leyendo

FIN DE AÑO EN BALNEARIO CAMBORIU

POR: GUILLERMO GATTI

En la vida profesional de un guía o coordinador de turismo jamás podría faltar pasar una fiesta fuera de casa. Nuestro oficio es así.

Yo no soy la excepción y más de una vez me ha tocado trabajar en las fiestas. De todas, una siempre la recordé muy especialmente y hoy, que estamos tan cerca de Navidad y Fin de año quiero compartir este relato con ustedes.

Pasar Fin de Año en Balneario Camboriú es una experiencia  intensa, tierna y emotiva. Una fiesta deslumbrante, esencialmente urbana y popular, inclusiva y mística, desopilante y bizarra.

Ese año me toco viajar con un grupo que, coincidentemente, poseía las mismas características con las que definí el Fin de Año en Camboriú.

Un grupo tierno, intenso, desopilante y extrañamente bizarro.

Un grupo heterogéneo, ecléctico, surrealista, una obra inconclusa del gran Picasso  que desistió de la última pincelada por temor a que la obra se tornase una realidad irreversible.

Desde la partida todo comenzó muy distinto a lo deseado, fue en ese viaje que aprendí que lo ideal es apenas una ilusión.

En la frontera Marta perdió a su hija de veinticuatro años, Juan, un especialista en meditación trascendental que viajaba para reunirse con mentalistas brasileños, encontró a la hija de Marta franeleando a un joven gendarme que la tenia arrinconada entre su sexo y el frondoso limonera detrás del Automóvil Club.

La exuberante e histriónica Elizabeth le prometía a su amante de turno que al regreso le contaría toda la verdad a su marido, verdad que todos sabían, menos, lógicamente, su marido que ingenuamente pensaba que su mujer había viajado a un Congreso sobre Caballitos de Mar en algún lugar del planeta.

La familia Constantino, compuesta por el matrimonio, dos adolescentes pertenecientes a la tribu de los Gotikos, los mellizos de tres años que jamás pararon de llorar y gritar como marranos y la pequeña Antonia de nueve meses que vivió durante todo el tour mamando de esas dos tetas resignadas que daban lastima solo de verlas.

María del Carmen Asturrieta Antie, una pasajera anclada en la época del “uno a uno” y que por esas cosas de la vida y de nuestra economía debió cambiar el Jumbo 747 por un semi cama de Flecha Bus.

Pedro y Josefina, dos viejitos jubilados que mutaban constantemente pasando de ser unos tiernos abuelitos de libros de cuentos a verdaderos guerrilleros tercer mundistas. Pedro con un ano contra natura, una rodilla de titanio, dos operaciones cardio vasculares y una traqueotomía que todavía no había cicatrizado completamente. Josefina, hipertensa, diabética, obesa, con una prótesis dental tambaleante que no la dejaba en paz y un tembleque en su mano derecha que la irritaba cada vez que pretendía llevarse el vaso de plástico a la boca para tomar un numero interminable de comprimidos para mantenerla viva.

El más coherente, por así decirlo, era Martín, un joven abogado que viajaba solo en busca de paz y diversión después de un año agitado en los tribunales.

El joven e ingenuo letrado juro en la Plaza Tamandare nunca más viajar en grupo argumentando que prefería memorizar el Código Romano a volver a vivir esta experiencia escalofriante.

En la terminal de ómnibus, antes de partir, me presentaron a María Cristina, una figura duramente blanca y lánguida, de ojeras profundas, violáceas y con una mirada sin horizonte. Sus padres le habían regalado el viaje para que pudiese reponerse de una larga y traumática internación en una clínica psiquiátrica. Me comentaron que debieron internarla después que María Cristina matara a su gatito siamés encerrándolo en el horno a fuego máximo y acto seguido, en una crisis de angustia haberse comido tres rollos de papel higiénico y la chapita de identificación del difunto felino.

Fue así como a los tumbos y con mucha paciencia llegamos a Camboriú un día antes a la gran fiesta popular “A virada do ano”.

La propuesta era festejar en la playa como es de costumbre, todos vestidos de blanco como marca, la tradición. Asistir a los fuegos artificiales, brindar a la orilla del mar, confraternizar y divertirnos hasta el nacimiento del nuevo día.

En Brasil el festejo de fin de año es una conmemoración que aglutina muchísima gente, una de las fiestas más importantes donde razas, credos y condición social cohabitan en una misma realidad y el único objetivo es el festejo en medio de la diversidad.

Una propuesta interesante a la que yo contribuiría con la presencia de mi grupo para engalanar esa noche inolvidable.

Pautamos reunirnos en la recepción del hotel a las veintiuna horas para dirigirnos a la playa, buscar un buen lugar y comenzar nuestra fiesta.

A la hora indicada solo estaba Martín, de bermuda blanca, una remera Lacoste rosa suave y ojotas blancas.

Nos miramos, sonreímos y ambos nos preguntamos en silencio lo mismo: “¿Dónde esta el resto de la gente?”

Es común que los pasajeros se compliquen a último momento y a decir verdad, en este grupo era una situación perfectamente previsible.

Unos minutos después apareció María Cristina. Vestida con una salida de baños de flores multicolores, una capelina confeccionada con tiras de sache de leche, anteojos Hollywoodianos oscurísimos y en sus manos una tabla de barrenar.

Se dirigió hacia nosotros, se sentó en el sofá y se tildo indefinida e inmutablemente.

La exuberante amante infiel bajo las escaleras con la mirada fija en mí, una mirada que a la distancia parecía llena de odio, me agarro del brazo y me llevo detrás de una columna para que nadie pudiera verla, cosa que era casi imposible, ya que era inmensamente grande y extravagante.

Recuerdo sus palabras:”… Ayudame con el idiota de Felipe que no tubo mejor idea de comerse media docena de esa frutita color naranja con pelotitas negras y ahora se esta cagando de una manera monstruosa. Si ese estúpido pretende arruinarme el fin de año te juro que le corto las bolas”….

Así como vino volvió por las mismas escaleras perdiéndose entre la gente.

Pedro, el marido de Josefina apareció estrepitosamente preguntando cuando nos íbamos porque su mujer ya estaba en la playa cuidándonos el lugar, típica actitud de los jovatos. Le pregunte si sabia en que lugar de la playa estaba su mujer a lo que me respondió que no tenia la menor idea, según él, Josefina estaba en la playa desde las cuatro de la tarde y el se había quedado en el hotel durmiendo la siesta porque odia el sol. ¿Cómo íbamos a encontrar a Josefina en siete kilómetros de playa?

De repente un griterío infernal, la familia Constantino había perdido a una de los mellizos en el shopping. En realidad se la habían olvidado cuando se saco la foto con Papá Noel, según el papá se confundió con otro nene y pensaron que estaban todos. Los adolescentes gotikos seguían inmutables como si nada hubiese pasado, creo que nunca se enteraron que tenían dos hermanitos mellizos, la otra seguía prendida a la teta consumiendo defensas a diestra y siniestra.

Cuando pude reaccionar habían desaparecido todos. Martin ya estaba más cerca de la puerta y María Cristina continuaba tiesa mirando a la nada con su capelina de plástico reciclado y su tablita de barrenar.

A Marta nunca la vi, el recepcionista me dijo que había salido a buscar a su hija que se había perdido nuevamente.

A María del Carmen Asturrieta Antie, la había venido a buscar un chongo adinerado de Camboriú y había dejado dicho que solo volvería algún día.

Cuando mire hacia la puerta, Martin ya no estaba, era lógico…

María Cristina continuaba ahí y yo….yo me cague soberbiamente de risa, me fui a la playa, me perdi entre la gente y a las doce de la noche salte las siete olas, le agradecí a Ie manja y espere ese nuevo día en la Playa Central de Balneario Camboriú.

Buen año para todos, buenos caminos y buena vida.

Viaje Largo, vejiga impaciente…consejos

Por Guillermo Gatti

La Republica Argentina es uno de los países donde la tercera edad viaja masivamente en la modalidad de turismo organizado o grupal.

En muchas oportunidades, guías y coordinadores me han hecho referencia sobre lo complicado que se les hace coordinar este tipo de grupos por el tema que al ser personas mayores son un poquito mas impacientes.

Lo que más me llamo la atención fue una pregunta que me hiciera un guía haciendo referencia  sobre la cantidad de veces que los abuelos van al baño y como esto dificultaba a la hora de programar un paseo ya que los tiempos se complicaban por la cantidad de veces que tenia que parar en la ruta para que los abuelitos bajaran a orinar.

Lo primero que hice fue investigar un poquito sobre este tema y claro, nada mejor que un tratado medico para aclarar el panorama.

Si bien hay muchos tipos de incontinencia urinaria, existe en la tercera edad, la llamada “urgencia miccional” y otra llamada “vejiga hiperactiva”.

El tema no es difícil de entenderlo.

Existen muchos motivos por los cuales los abuelos precisan orinar casi continuamente:

Algún problema de orden físico que se manifiesta por patologías específicas, por motivos psicológicos como la ansiedad y esas cosas y, obviamente por los efectos del envejecimiento que no deja de hacer lo suyo.

Algunos abuelos consiguen retener un cierto tiempo pero terminan enloqueciéndote pidiéndote un baño a gritos.

 Otros, directamente no consiguen retener nada y se orinan en cualquier lugar.

Les da lo mismo orinar atrás de un árbol, agachados como una Coya en medio de una plaza , en la banquina de la ruta o en algún florero centenario expuesto en un museo.

Los que padecen de la llamada “vejiga hiperactiva” son los mas interesantes. Así como esos niñitos que no paran nunca y no pueden administrar tanta energía, lo mismo ocurre con las vejigas de nuestros abuelos.

Las vejigas hiperactivas en la tercera edad son vejigas rebeldes, indisciplinadas con la única intención de orinar, orinar y orinar.

Son vejigas transgresoras que, paradójicamente, no les importa nada con tal de ser el centro de la atención.

Ahora bien: Que se hace desde nuestra profesión para minimizar esta problemática ya que seria incomodo y discriminatorio preguntarle a cada abuelo cuál es su frecuencia urinaria para resolver si sube o no al micro?.

Así como suben con sus diabetes, hipertensión, problemas articulares y quien sabe cuantas cosas mas, suben al micro con sus vejigas hechas unas desaforadas con la única intención de romper los quinotos de cualquier mortal.

Pensé entonces en algunas alternativas que podrían ayudar a sobrellevar esta situación tan molesta y evitar que nuestra paciencia se agote y empecemos a arrojar abuelitos por las ventanillas del micro.

1-      Cuando la situación se torna insostenible, el baño del micro esta hasta las manos y no hay un parador cercano, se podría organizar un jueguito grupal donde a la cuenta de uno, dos y tres, los pasajeros deberán llenar bolsitas de plástico con su orina. El que consigue llenarla mas rápido y haciendo espumita se gana de premio el primer lugar en el primer baño del próximo parador rutero.

2-      Otra podría ser repartirles a los pasajeros pelelas con el logo publicitario de la agencia y una vez que estén llenos, introducir el tan preciado liquido en las termeras y explicarles los beneficios terapéuticos de la “orino terapia”. Recomiendo que se beba tibia para que no estimule a esas vejigas malditas ya que las bebidas heladas son contraindicadas por motivos obvios.

3-      Un juego interesante es emborracharlos a todos y usar las mismas pelelas como si fueran aros de básquet: EL OBJETIVO DEL JUEGO ES EMBOCAR EN LA PELELA LA MAYOR CANTIDAD DE ORINA. Aquellos que no tengan ganas de jugar deberán limpiar todo lo que quedo en el piso así,  apelando a la formula de estimulo-respuesta se harán un nudo o se pondrán un tapón con tal de no tener que limpiar el piso nuevamente.

4-      Otra opción para evitar esas molestas vejigas noctámbulas es sustituir cualquier bebida por una porción de leche en polvo (sin diluir), maicena mezclada con bicarbonato o harina integral mezclada con azúcar negra para posibles pasajeros con dietas naturistas.

5-      Como recurso extremo aconsejaría llevar unos catéteres que el pasajero deberá introducirse: Dichos catéteres estarán conectados a una bolsa tipo colostomía donde ira el desecho, el guía simplemente deberá proveer de nuevas bolsas cada vez que estas se llenen y a otra cosa.

Espero que les sean útiles estas ideas y que tengan el mejor viaje que sea posible.