Si queres comer….come.

Por Guillermo Gatti

Los guías y coordinadores de turismo no somos diferentes al resto de los mortales, y si bien intentamos disciplinarnos en algunos aspectos de nuestra vida, terminamos cayendo en eso de: “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago…”.

Si bien nuestra actividad tiene una cierta particularidad respecto de otras, como las diferencias horarias, horarios atípicos y otros desordenes, la verdad es que nada de esto justifica el no poder controlar nuestro habito alimentar.

Así como los marinos tienen un amor en cada puerto, nosotros tenemos nuestros lugares predilectos a la hora de alimentarnos y caemos rendidos a la gula en cualquier destino que nos toque.

Sin importar a donde nos manden, en nuestra agenda jamás falta la dirección de ese lugar para llenarse la pancita sin importarnos el colesterol, los triglicéridos, la hipertensión etc.

Eso que “Nada mejor que la comidita casera”, es apenas un argumento que sale a la luz cuando la culpa llego a su ápice. La pura realidad es que “Todos los colectivos nos dejan bien” a la hora de alimentarnos.

Como generalmente no pagamos, por una cuestión meramente comercial, parecería que el apetito se activa más todavía y el refinamiento gastronómico se agudiza sensiblemente.

La verdad de la milanesa es que siempre tenemos un buen motivo para llenar el buche:

  • Siempre hay algo que festejar y nada mejor que una buena comidita en compañía de nuestros colegas.
  • Cuando estamos en viaje con cena a bordo, si sobra una bandejita, nada de desperdiciar y nos comemos hasta los cubiertos de plástico.
  • Para estimular a que los pasajeros coman, que mejor que comer nosotros también para que los turistas no se sientan incómodos por eso del “Qué dirán?”
  • Cuando llegamos a la noche tarde de una actividad, nunca viene mal una comidita chatarra en al algún chiringo abierto.
  • Cuando extrañamos (comemos), cuando se presenta alguna contingencia (comemos), cuando los pasajeros duermen en el micro y no tenemos sueño (comemos) y cuando los pasajeros nos convidan, para evitar el desaire (comemos).

A lo largo de nuestra carrera profesional, nuestros cuerpos van adoptando formas inusitadas: “El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos y gordos”.

Si bien en invierno se hace más fácil esconder los rollitos, cuando llega el verano la cosa se complica sensiblemente y como cualquier persona, nos entregamos a cualquier formula mágica para perder esos antipáticos rollos.

  • Nos pasamos todo el día tomando agua.
  • Comemos ensaladas hasta que el intestino pida auxilio.
  • Tomamos pastillas adelgazantes que compramos en Paraguay y que no sabemos que tienen pero no importa.
  • Compramos barritas de cereales, nos damos un baño con Centella Asiática, bebemos el té adelgazante del Dr. Ming que compramos en algún “Llame ya” y nos tomamos todo el sol así el bronceado distrae las formas grandilocuentes.

La verdad es que nada nos hace diferente del resto y ante una rica comidita claudicamos.

Buen provecho a todos mis colegas, a disfrutar y que la culpa quede en alguna banquina de las tantas rutas que nos toca recorrer.

Un pensamiento en “Si queres comer….come.

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